Según el Barómetro de la soledad no deseada en España, aproximadamente el 20 % de las personas mayores de 75 años se ven afectadas por este fenómeno, que constituye uno de los principales factores de riesgo para el deterioro emocional, cognitivo y funcional en la vejez (Fundación ONCE, 2024). En Cataluña, la cifra es ligeramente inferior, situándose en el 18,4%.
Asimismo, en Cataluña alrededor del 22% de las personas de 65 años o más viven solas. Una cifra que sigue creciendo y que se asocia a mayores niveles de aislamiento social, vulnerabilidad emocional y necesidad de acompañamiento psicosocial (Amigos de los Mayores, 2023).
A pesar de los avances en los sistemas de atención a la dependencia, la respuesta institucional continúa siendo insuficiente para abordar las dimensiones emocionales y relacionales del envejecimiento. En este contexto, el trabajo de las entidades sociales resulta esencial para garantizar un envejecimiento más digno, activo y centrado en la persona.
Esta situación se ve agravada en el Alt Pirineu y Aran, por una estructura demográfica singular: es el territorio de Cataluña con mayor sobreenvejecimiento, que alcanza hasta el 24 %. Las personas mayores que viven solas se enfrentan a factores de riesgo específicos asociados al contexto de montaña, como una muy baja densidad poblacional, las dificultades de movilidad, el clima y la lejanía de los principales centros de servicios y toma de decisiones.